Sencillez y belleza del anillo mágico
El joven arquitecto José María Sánchez ha creado un edificio circular cuya belleza radica en su sencillez, economía y afán por pasar desapercibido, cediendo el protagonismo al paisaje que lo circunda.
TEXTO Eduardo López-Jamar
FOTOS P. Calzado, J. M. Sanchez y Junta de Extremadura
De vez en cuando, algún proyecto de aspiraciones modestas acapara la atención de la comunidad interesada por la arquitectura por diferentes motivos. En el caso que nos ocupa, el Centro de Tecnificación Deportiva en Guijo de Granadilla (Cáceres), diseñado por José María Sánchez García, llama la atención –podría decirse que a su pesar– por su frescura, originalidad y economía a la hora de plantear un edificio que albergase un centro deportivo y de investigación y que alterase lo menos posible el bello paisaje sobre el que se asienta.
El programa de necesidades no era sencillo de cumplir: la misma construcción debía acoger instalaciones como un centro recepción, información y distribución, laboratorio fisiológico y vivero de empresas, centro de documentación, centro de acogida y residencia para investigadores, cafetería, comedor, diferentes bancos de pruebas distribuidos por actividades y almacenes y vestuarios. Los terrenos destinados a la obra se encuentran en una pequeña península dentro del pantano de Gabriel y Galán, cuya superficie varía según la época del año: sus riberas se inundan con la crecida de las aguas. 
Anillo mágico
Con la intención de que todas las funciones del edificio pudiesen tener el mismo grado de acceso al agua, el arquitecto extremeño, aunque afincado en Madrid, decidió crear un edificio con geometría en forma de anillo. Según la memoria del proyecto, se trata de “un círculo mágico; al exterior dispone toda la acción, las actividades y el movimiento. Al interior, el descanso, la observación y la reflexión”. El anillo en cuestión tiene siete metros de crujía y doscientos de diámetro.
El proyecto pretendía que la intervención apenas dejase huella en la topografía y en la población de árboles presentes en la península, por lo que, además de crear una volumetría ligera, el anillo se levanta sobre el nivel del suelo, reduciendo los puntos de contacto con el terreno al mínimo y permitiendo una comunicación visual –y física– entre el interior y el exterior del mismo.
Así, en vez de aplanar el terreno –la península cuenta con un perfil irregular y un desnivel desde su cota más alta a la más baja de nueve metros– se opta por aprovechar su orografía y crear distintos modos de acceder al edificio: existen tres entradas en los lugares donde el edificio y el terreno se acercan, consistentes en unas rampas de acceso. Allí donde la diferencia de altura entre el edificio y el terreno son mayores, se sitúan ocho núcleos de escaleras repartidos a lo largo del perímetro del anillo, acompañados de ascensores en tres ocasiones.








































